martes, 27 de noviembre de 2012

MIEDO A EDUCAR





Estamos en una época un tanto confusa. Parece que lo ocurrido a principios del siglo pasado aun esté reciente. La guerra civil aun colea en España, aunque realmente quede lejos en el tiempo. A nivel educativo nos afecta mucho, la palabra clave en este sentido es REPRESIÓN. Durante aquella época y durante muchos años después, el país estaba sumido en una era de represión (cultural, educativa, social, sexual,…). Ahora vemos esa represión con miedo, como el “coco” que nos decían nuestras madres de pequeños que vendría a por nosotros si no nos dormíamos… La palabra “represión” es el “coco” de hoy en día.


Hemos llegado a un efecto péndulo, de la época en la que todo estaba prohibido, hemos pasado a una época en la que TODO VALE, lo que está es PROHIBIDO PROHIBIR. Las familias y las escuelas tienen MIEDO A EDUCAR, miedo a que cualquier acción educativa que llevemos a cabo pueda parecer represión. En esta forma de pensar absolutista del “todo o nada”, es muy difícil educar.

Los padres tienen miedo de prohibirle cosas a sus hijos por MIEDO a PARECER malos padres. Los maestros tienen miedo de ser severos por MIEDO a PARECER maestros “chapados a la antigua” (con la respectiva reprimenda de los padres). Estos actos, que no son otra cosa de no cumplir con nuestras responsabilidades, tanto como padres o como docentes, son puros actos de egoísmo y de apariencia. En esta sociedad, tan “fan” de etiquetar, nuestro mayor objetivo es que no nos etiqueten, ni como malos padres, ni como “profes changos”, ni como nada que pueda dañar nuestra imagen. Pero, como digo, es un acto de egoísmo, porqué sólo pensamos en nosotros. No pensamos en nuestros hijos, en nuestros alumnos,… que son los verdaderos damnificados en toda esta situación.

Estamos creando futuras generaciones de jóvenes autodependientes. Cada vez es más normal ver a jóvenes que van a repartir CV con su madre, o jóvenes que incluso acuden a las entrevistas de trabajo acompañados de sus padres. Resulta paradójico que en la sociedad de la información, la sociedad de la competitividad, haya más desempleo que nunca. Los docentes están mucho más preparados que antes, ya no existen analfabetos prácticamente, los jóvenes se preparan mucho más, tienen varias carreras, masters, hablan idiomas, dominan las nuevas tecnologías, etc. Pero les faltan muchas otras capacidades, que se dejan de lado tanto en la escuela como en casa: el ESFUERZO, el SACRIFICIO, el VALORAR LAS COSAS, el VALERSE POR UNO MISMO, etc.

El otro día me ocurrió una cosa que me hizo reflexionar y que, realmente, me hizo pensar en esta entrada del blog. Actualmente estoy entrenando a un equipo infantil de fútbol. Con ellos aplico todo lo que aprendí como jugador y todo lo que sigo aprendiendo como pedagogo cada día. De hecho, en una entrevista que me hicieron para un periódico local a principio de temporada me preguntaban por cuáles eran mis objetivos de cara a la temporada. Mi respuesta sorprendió tanto al periodista que tuve que explicársela. Simplemente dije que mi objetivo es que los chavales aprendieran una serie de VALORES que les servirían para toda su carrera futbolística, pero también para su vida. A principio de temporada, en la primera charla con los chavales, les planteamos una serie de 10 valores que les repetimos cada semana. Esa lista al final la aprenderán, y no por repetición, sino porqué cada vez que con una acción están demostrando uno de esos valores, se la reforzamos. Y reflexionamos con ellos. Es muy satisfactorio cuando uno de ellos te dice: “Miste, esto es compañerismo ¿verdad?”.

Bueno, a lo que iba… Resulta que el sábado tras el partido, recibo por la tarde una llamada de una madre, “¿Qué es lo que pasa con mi hijo?” me dice, yo preocupado por si se había lesionado o algo. Pero no, que su hijo le ha dicho que tenemos algo contra él y que por eso no ha jugado las 2 últimas semanas. Me hizo mucha gracia, con calma le expliqué que no pasaba nada con su hijo y que cuando demostrara que se ESFUERZA por jugar, volvería a jugar. La cuestión es que pensé en cuando yo era pequeño, yo he jugado al fútbol federado desde los 6 años, y JAMÁS se me hubiera ocurrido decirle a mi madre que el entrenador no me pone. De hecho, los padres de mi época no eran como los de ahora, que hacen los deberes con sus hijos, les acompañan a entrenar, les llevan a cada partido,… Supongo que aquí entra la APARIENCIA de la que os hablaba antes. No creo que estos padres sean “mejores” que mis padres. Mis padres ni siquiera sabían si yo jugaba al fútbol o no. Sabían que no estaba haciendo nada malo y que a mi hora estaba en casa para comer después del partido. De hecho, he jugado toda mi vida al fútbol en equipos de 1ª y 2ª regional, preferente y en 3ª División, y mi madre sólo ha venido a verme una vez, y mi padre creo que dos.

El ejemplo del fútbol vale para cualquier otra circunstancia de la vida de nuestros hijos. Esa sobreprotección, el estar todo el día pendientes de ellos, el no TOLERAR sus enfados o sus llantos, todas esas actitudes no nos hacen mejores padres, mejores maestros, mejores entrenadores,… Simplemente les hace a ellos peores. Niños que no llegan a desarrollar todas sus capacidades y que cargarán con ese déficit durante el resto de sus vidas.

No tengamos MIEDO A EDUCAR. No tengamos MIEDO A LO QUE DIRÁN OTROS PADRES DE NOSOTROS. No tengamos MIEDO A PENSAR QUE NUESTROS HIJOS NO NOS QUERRÁN. Pensad en vuestra infancia, en el ESPACIO que nos daban nuestros padres, en ese ESPACIO que después nos pedirán nuestros hijos cuando sean adolescentes. Hay frases que yo escuchaba antes y ahora no las escucho:

  • Una buena bronca a tiempo siempre viene bien.
  • Ningún niño se muere de llorar.
  • Si te han castigado (o has suspendido), algo habrás hecho tú.
  • Eso no es nada.
  • Si te has metido en eso, ahora sales tú solito.

Se me ocurren miles de frases más, pero no quiero alargarme más. Si me he dejado alguna, te invito a que dejes tus frases en COMENTARIOS.



En definitiva, no tengamos MIEDO A EDUCAR, a cumplir con nuestras obligaciones. Los únicos que pierden con la falta de AUTORIDAD y RESPETO, son nuestros hijos.

5 comentarios:

Joan López Casanoves dijo...

Unos planteamientos francamente honestos, generativos y admirables, Óliver. Felicidades por el artículo, así como por tu experiencia con esos chavales del equipo de fútbol. Por experiencia te digo que se acordarán mucho de ti cuando ya no sean tan chavales. Un abrazo.

Toni Gc dijo...

Gracias por el artículo. Me ha dado mucho que pensar. Voy a darte toda la razón en la educación paterna, intentaré suavizar el término "miedo" y lo voy a cambiar por permisividad excesiva. El padre te dice que intento educar a mis hijos en base al diálogo y el fomento de la responsabilidad y los buenos valores. Esperaré un tiempo, son aún jóvenes para saber si cayeron o no en saco roto. Son buena gente, tal vez faltos de valores como el sacrificio o tener presente la realidad de la vida. Poco a poco se irán dando cuenta de lo que tratamos de enseñarles. El profesor te dice que jamás he tenido miedo a educar. Intento transmitir a mis alumnos conocimientos y valores, quiero exactamente lo mismo que los padres, con lo cual no tiene que haber problemas, que no se solucionen con diálogo y flexibilidad. Tal vez también haya más permisividad, si, lo admito, pero no por miedo a ser tachados a la antigua, sino simplemente que hemos perdido bastante autoridad en esta sociedad y no contamos a veces con muchos apoyos. Fomentemos en base a responsabilidad, sacrificio, buenos valores...con naturalidad!!! Gracias por permitirme opinar.Saludos...Antonio

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Quelita dijo...

Totalmente de acuerdo.
Como madre, intento transmitirles a mis hijos la misma educación que yo recibí de los míos, que a mí me parece estricta, pero como tiene q ser. Mis hijos tienen que aprender los límites de las cosas, que toda cosa requiere un esfuerzo y que nadie les va a regalar nada en esta vida. Lo antes que lo aprendan, mejor, porque menos batacazos se darán. Cierto es que tienen caer para aprender a levantarse, y yo voy a estar para ayudarles a hacerlo, pero prefiero antes que ayudarles a levantarse, tratar también de suavizarles la caída enseñándoles los baches.
Ellos tendrán que aplicar su criterio respecto a lo que les rodea, y para eso intentaré poner a su alcance todos mis conocimientos. Un ejemplo: si les he apuntado a religión no es porque quiera q sean beatos o por forzarles a que sean católicos practicantes, sino porque si quieren juzgar si creen o no tienen q tener una base para opinar, y también en parte porque es una realidad que van a vivir con la Navidad, los Reyes Magos y la Semana Santa.
Sobre todo, tienen q aprender a valerse por sí mismos porque yo no voy a estar ahí para siempre (ojalá que sí, pero las aves deben abandonar el nido, y yo me haré mayor, achacosa y moriré antes q ellos, espero). Eso no quita que esté ahí siempre q me necesiten y que intentaré ayudarles en todo lo que pueda como mis padres siempre han hecho y mi madre hace aún conmigo (mi padre ya falleció).
También se trata obviamente de q el día de mañana tengan los valores correctos para ser personas de bien, cultas, educadas, respetuosas, cívicas y solidarias. Pero sobre todo independientes.
Espero haberos iluminado respecto a mi modo de entender la educación de mis hijos.

El anterior comentario fue eliminado por mí, porque aparecía como usuario desconocido. Espero haberlo solucionado...

Quelita.-

Virginia Molina dijo...

muy buen articulo!